martes, 19 de julio de 2011

Vaticano (07-04-11)/ Equivocado


Debí de llegar equivocado. Un lance, un pequeño desvío en ese entreacto que fluctúa entre el bicho de movimiento linfático y uniforme y el proyecto más o menos conseguido de lo corpóreo. Me quedé en ese margen de error que otorga fiabilidad a las encuestas, porque la sociología es humana y el humano es errante, en el sentido de camino desandado y nueva senda. Ahora siento no haberme lanzado a buscar entonces un atajo certero que acabara con la agonía autoimpuesta. Ni aunque hubiera podido, que no se puede, porque todos estábamos y estamos unidos umbilicalmente a una fuerza mayor que empieza en el estómago y termina llevándote con los pies por delante, lo habría hecho. Ojalá termine pronto el vía crucis de las mentes toscas con fulminante precisión. Sin que quede huella, ni mota, ni vestigio de lo que el odio se guarda como remanente en la conciencia. Ojalá fuera igual que tú. Ni más ni menos. Me evitaría mucha soledad en derredor.

lunes, 11 de julio de 2011

domingo, 10 de julio de 2011

Vaticano (07-04-11) / Espejos


Los espejos son y serán toda una engañifa cosmogónica. Depositamos en una superficie reflectante respuestas a preguntas retóricas, anhelos indeseables y promesas de pitiminí. En ellos se han mirado con éxtasis mercadotécnico los prejuicios y juicios de princesas y plebeyos, damas de alta alcurnia y enfermos consumidos atrapados en un alma desamparada y un cuerpo enfermizo. Son un oráculo frente a cuyo brocado claman las angustias irresolutas de un pasado turbio, labrado a fuerza de desengaños. De cara a los cristales empañados de mil recuerdos, los de brocado espolvoreado de intrigas palaciegas y los de vestidor de alta moda, sueñan los pormenores de un itinenario diseñado a medida de otros, siempre de otros. De espaldas, rechazamos el tintineo crepuscular de nuestro propio ser. Ante los espejos mueren las elasticidades y toman cuerpo las estrecheces de la mente. En los espejos vemos correr el tiempo a velocidad imprecisa y sentimos un velado resoplido que eriza la nuca avisándonos del recorte sustancial de ese mismo discurrir sentimental. Porque el tiempo es sentimiento compartido al constante acecho de la quiebra del afecto. El tiempo se rompe como la confianza con tu mejor amigo. Como un beso bajo la lluvia del adiós. El tiempo también es balsámico como el hombro que consuela la vida que te infringe el dolor. ¡Malditos sean los espejos en los que últimamente no me reconozco porque esos espejos soy yo mismo!

Espejos donde desde ayer -tan falaz como el ayer del día anterior- no encuentro NADA.


NADA DE NADA.

viernes, 1 de julio de 2011

Vaticano (07-04-11)/Cerrando círculos


La vida se le antojaba circular. Alfa y Omega absurdos la mayor parte de un tiempo agujereado de recuerdos en sus perfiles. El tiempo posee perfiles infames y efervescentes y constituye por sí solo (y en esencia) un plano inclinado en direcciones opuestas sobre el que oscilan circulos que pivotan sobre un mismo eje. Ejes circunscritos a pasajes de dolor, solapados en esquivos fotogramas que bloquean la respiración de los que se atreven a transitarlos una y otra vez. "No existen los buenos y malos recuerdos" -se decía aquel pseudo psicólogo redentor de calcos descarriados de su propio ser-. "Existen las aspiraciones que ponemos en ellos para ayudarnos a solventar nuestras decisiones futuras". Necio como él solo, creía poseer la herramienta capaz de desatornillas los anclajes de los círculos giratorios que provocan el efecto martilleante de la conciencia. Necesitaba descansar de él y de sus pacientes. Al fin y al cabo, su experiencia le aseguraba que un mismo recuerdo sirve tanto para desencantar del amor a un corazón despechado como para insuflar energía al que no ves más allá de la punta de sus zapatos. No siempre funciona así. Hoy en concreto sus zapatos, otrora impolutos, lucían desgastados en su vértice más doliente. A dos lágrimas de la suela de sus huecos pasos, el mar ante el que sentó buscando sosiego le devolvía arrogante como un bumerán ese recuerdo que quisiera almacenar como uno más. Pero su esencia de luchador no se lo permitió. Buscó en la soledad lo que el tiempo circular sólo ofrece a los pelean: el sosiego tras la batalla. Y descansaría y lo encontraría, no obstante, en algún otro pasaje de alegría que anclase férreamente la vida, el único eje que de verdad merece la pena. Ahí estará el tiempo para recordárselo cada vez que los fotogramas del dolor intenten noquear su aliento, cada vez que el círculo, por inercia o por supervivencia, se cierre.


A Xes. Con todo mi cariño y respeto, necesitaba escribir esto para ti. TQ.

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