Lo que últimamente más excita la masa inconsistente de mis reflexiones es saber que nadie es capaz de medirla y separar lo magro de lo saludable. Quizá sea mejor así.
Hoy me otorgo la absolución de los imposibles, los que irremediablemente están perdidos en la misma tela de araña de donde nació un agobiante sentimiento de inutilidad. Me absuelvo porque no necesito intermediación de ninguna naturaleza para llevarlo a cabo. Los pecados son menos dúctiles si no se está predispuesto a cometerlos.