lunes, 28 de marzo de 2011
Soliloquio
Solo ando, solo encuentro y desencuentro el único lugar donde nadie puede hacerme daño. Piso cuidadosamente pasos que me son familiares ante una reyerta de consecuencias inimaginables con la soledad porque, por raro que parezca, en ella y con ella no me siento vulnerable; no hay atmósfera más tenue que la del propio vacío. Y en ello es donde hallo lo que no me dan las multitudes. Descanso.
jueves, 10 de marzo de 2011
DESVELOS (Punto de partida)
Quizá en este cajón desastre que tengo por mente suceda lo mismo que acontece una y otra vez. Una y otra vez y otra más quizá en él no encuentre lo que ando buscando hasta que rezando a tal o cual santo de rostro inerte aparezca en el rincón donde nunca se me ocurrió mirar. Quizá porque revuelvo demasiado en las juntas de la madera, toda la suciedad acumulada en ese cubículo me hace estornudar y -últimamente y de manera intermitente- vomitar toda la frustración del que no se conoce ya ni en la mejor compañía posible. Quizá al escribir esto alguien me dé una respuesta que quizá no busco y, tal vez, en una noche de desvelo piense que la mente no navega por un rumbo determinado, sino que el trayecto lo marcamos nosotros a pasos mortecinos frente a la adversidad. Quizá haya defraudado alguna vez a los estimulantes de mi mente, que en lugar de reactivar las conexiones neuronales que se nutren de esa dulce mentira llamada felicidad o endorfinas, la atrofian hasta el límite de la automutilación. Quizá me he desvelado porque no había ningún sueño que transitar. Quizá este sea el punto de partida a la luz, después de tanta oscuridad. Quizá no merezca el tiempo ni la atención requeridad. Quizá yo no lo merezca en absoluto. O quizá sí, y no estoy seguro de querer descubrirlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
