
Si las heridas no curan, supuran y bloquean todo atisbo de vida en tu ser, lo que eres o lo que algún día quisiste ser y en lo que evitas convertirte.
Hay días en los que te engarzarías el mundo en tu sombrero y enseñarías todo lo que esconde su abultada copa. En otros sólo deseas guardarte los trucos de prestidigitador en la manga.
Existen miles de días, pero prefiero los momentos en que una vez mostradas las llagas el corte se cierra y empieza a mostrarte la frágil realidad de tu ser. Una fragilidad compartida que te hace estar vivo y sentir. Sin roturas, sin marcas, sin juicios. Sólo sinceridad desarmante. Es lo que he sido y es lo que quiero ser.
Gracias Roma. Gracias Jesús y Javi por darme más de lo que seguramente merezca y sea capaz de expresar en prosa. Gracias.
